
El programa de Gobierno que adoptó el pueblo como su mandato estableció unos retos de corto y largo plazo para iniciar una era de transformaciones necesarias para que nuestro país se inserte con vitalidad en el concierto de las naciones.
Pese a las enormes dificultades, obstáculos, impresiones y no pocos atentados contra el proyecto democrático, podemos poner la frente en alto para decir que cumplimos, que hemos dado inicio a la ruta del cambio y que esta senda será imparable.
Desde La Guajira hasta Nariño, el Pacífico y la Orinoquia, resurgen en Colombia miles de expresiones de las organizaciones populares y comunitarias, se han integrado circuitos solidarios y se ha promovido un instrumento decisivo para hacer posibles las aspiraciones de los pueblos, la integración de las organizaciones territoriales para sacar adelante sus iniciativas campesinas, populares, indígenas, afrodescendientes, de las mujeres, los y las jóvenes. El movimiento solidario ha logrado establecer agendas colectivas, planes de fomento para la producción agroalimentaria y la agroindustria, para fortalecer la economía popular y el poder comunitario.
Economía campesina
En La Guajira, las organizaciones solidarias y populares inauguraron una experiencia potente de turismo solidario para incorporar a sus comunidades como parte de la belleza que cualquier turista del mundo merece conocer a partir del respeto y el diálogo intercultural.
En Bolívar, las organizaciones campesinas se juntaron para la producción agroalimentaria y establecieron una potente alianza con los mercados populares de Cartagena, con el fin de lograr la comercialización justa de alimentos y contribuir a la soberanía alimentaria. Tanto en Sucre como en Córdoba, la economía campesina crece a partir de la producción de alimentos y el turismo.
En Santander surge una de las experiencias más poderosas de integración regional, en el centro y sur del departamento, en donde alcaldes y organizaciones se han juntado con el Gobierno del Cambio para incentivar la producción alimentaria, la agroindustria y el turismo. Este territorio solidario ha logrado demostrar un nuevo modelo de gobernanza, en donde el movimiento cooperativo se convierte en motor fundamental del desarrollo.
En Cúcuta, la economía popular se asoció en una gran federación que le apuesta a la formalización empresarial, a la recuperación de la industria propia y a la promoción del turismo agroecológico. Esta red de organizaciones se integra solidariamente a las organizaciones populares del Catatumbo para la producción y comercialización de alimentos, sustituir cultivos de uso ilícito y construir condiciones para la paz en el territorio.
Lazos productivos
Entre Arauca y Boyacá, el cacao se ha convertido en fuente de riqueza colectiva, mediante los procesos de producción y agroindustrialización, para alcanzar nuevos paladares en Colombia y en el mundo. Este circuito solidario le apuesta a consolidar la región como potencia mundial cacaotera con la asociatividad, la ciencia y el mercado. Ya empiezan a tejerse los lazos con el sector cacaotero de Santander, Norte de Santander y Casanare en la perspectiva de una gran región solidaria para la agroindustria.
En Cundinamarca, cientos de organizaciones solidarias y populares también le apuestan al turismo, a la agricultura y al arte. Desde el Sumapaz hasta las tierras calurosas de Flandes, el movimiento cooperativo crece, se integra y se proyecta como promotor de las economías para la vida en toda la región.
En el Tolima, el Circuito Social Agroalimentario se fortalece con tiendas solidarias y mercados campesinos. La ecorregión Tatacoa se consolida como polo turístico, agroalimentario y generador de energías limpias, gracias al trabajo decidido de sus organizaciones.
