
750 baranoeros se benefician de la transformación de sus viviendas, con baños, cocinas y pisos nuevos que llevan dignidad y bienestar a sus hogares, gracias a una inversión de $2.200 millones destinados por la administración departamental.
Con recursos propios por $21.606 millones, la Gobernación del Atlántico ejecuta mejoramientos del programa ‘Mi Casa Bacana’ en 10 cabeceras municipales, lo que va alineado al perfil social del plan de desarrollo “Atlántico para el Mundo” que contempla entre 2024 y 2027 invertir el 62 % de los recursos en proyectos de transformación social de sus habitantes.
-En el municipio de Baranoa, 150 familias están transformando sus condiciones de vida gracias a los mejoramientos de vivienda del programa ‘Mi Casa Bacana’, en los que la Gobernación del Atlántico invierte $2.200 millones con recursos propios para los beneficiados en esta población del centro del departamento.
En alianza con el Gobierno nacional, a través de Fonvivienda, se invertirán otros $16.525 millones ($6.487 millones aportados por el Departamento y $10.038 millones, por la Nación), para beneficiar 900 hogares adicionales en corregimientos y municipios priorizados.
Así lo destacó el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, durante la visita que realizó a familias beneficiarias de ‘Mi Casa Bacana’ en el barrio Santa Elena, para entregar de forma simbólica los mejoramientos de sus viviendas como regalo a Baranoa en sus fiestas patronales.
“Vinimos a confirmar cómo estas obras le están cambiando la vida a las familias porque sus casas están quedando bacanas, gracias a que les estamos instalando pisos, techos, enchapes, grifería, pintura; esto mejora la salud y trae bienestar y dignidad a los habitantes de los hogares beneficiados. Lo que queremos es que más atlanticenses vivan en las mejores condiciones posibles, en entornos más seguros, higiénicos y cómodos”, indicó el mandatario.
El testimonio de beneficiarias como Miladis Hernández es muestra del impacto que tienen estas intervenciones en la vida de las familias favorecidas, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad. Desde hace 20 años, Miladis y cuatro personas más, entre ellas su padre en condición de discapacidad visual, habitan la vivienda que, hasta hace unas semanas, tenía el piso sin baldosas y el baño y la cocina estaban deteriorados.
