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Soy+, programa para renacer tras las rejas

 

Me faltan ocho meses y quedo en libertad”,  dice Mónica Vergara con una sonrisa que le ilumina el rostro y una voz que parece contener todo el anhelo de quien ha pasado 14 años tras las rejas: cuatro en Barranquilla y ya casi 10 años en Santa Marta.

A cada paso por el pabellón femenino del Establecimiento Penitenciario de Mediana Seguridad de Santa Marta, parece recoger pedazos de sí misma, esos que el encierro no pudo apagar del todo.

Mónica no esconde su historia. Entró a prisión con 21 años, condenada por homicidio agravado, tras un episodio extremo de violencia intrafamiliar. “Me quería comer la cárcel”, recuerda, con una mezcla de coraje y resignación. “Pero al pasar los años, cuando uno ve que el candado aprieta, ya le va bajando la guardia”.

Como Mónica, más de 6.320 mujeres en los centros penitenciarios del país buscan el perdón social y una segunda oportunidad, esa que les permitirá reescribir su historia. El Gobierno, con la Consejería Presidencial para la Reconciliación Nacional, trabaja en su resocialización mediante la estrategia Soy+, que ofrece talleres psicosociales y productivos para aportar a su proceso con dignidad y esperanza.

Hoy, la voz de Mónica Vergara no suena a derrota, sino a redención. Se aferra a lo que aprendió adentro. Estudió, tejió, enseñó. En medio de la rutina dura del encierro, descubrió que podía reconstruir su historia.

“Yo hago vestidos de baño, mochilas, bolsos, monederos. Eso lo aprendí en el Buen Pastor de Barranquilla, entonces acá no fui aprendiz, me puse con la profesora a enseñarles a mis compañeras, eso lo tenía reprimido porque nadie venía aquí, pero ustedes vinieron y enseguida me despertaron ese monstruo que llevaba por dentro de tejer y comencé a enseñarles. Ahora la mayoría ya quiere superarme”.

La estrategia Soy+ ha beneficiado a  600 mujeres en Bogotá, Santa Marta, Medellín y Sincelejo.

“Me veo con mi emprendimiento de mochilas, Santa Marta es una ciudad turística donde se vende todo eso, entonces me gustaría montarlo, ya nos enseñaron de costos y, bueno, con fundaciones también, tocar puertas”, afirma Mónica mientras sus ojos brillan al comprobar que, poco a poco, va dejando su pasado atrás.

Los muros siguen allí, firmes y con cierto color que solo el toque femenino puede dar, en uno de estos dice “mujeres imparables”, una frase que las 81 mujeres en Santa Marta se repiten y que se ha convertido en un lema para luchar y demostrar que se puede cambiar.

La esperanza se ha vuelto costumbre en estos cinco centros penitenciarios y en Santa Marta, Mónica Vergara anima a sus compañeras a no rendirse, a creer que un nuevo comienzo es posible y como ella dice: “Yo voy pa’ lante como el gigante, no miro para atrás. Voy derechito por mis hijos y que todos lo que me señalaron una vez digan: ‘Hey, mira cómo se superó, ahora está arriba’, eso me llena de orgullo, amor, nostalgia, porque sé que mi paso aquí no fue en vano, sino que dejé huella para bien”.

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