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Avances para acabar la mutilación genital femenina

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Colombia, único país de Latinoamérica donde se presenta esta práctica, se une al Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, la cual según estimaciones ha afectado a 200 millones de mujeres y niñas en el mundo. 

No hay registros precisos sobre el número de niñas y mujeres a las que se les ha realizado la mutilación genital femenina en el país.

Dentro de estos procesos de reflexión, las comunidades indígenas Embera han concluido que la mutilación genital femenina no es propia de la cultura de su pueblo, sino una práctica aprendida que ha pasado de generación en generación bajo creencias erróneas sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

Por eso, para su erradicación se deben concentrar acciones para hacer conciencia sobre el daño que causa, generar un cambio sobre las creencias que hay alrededor de ella, y cualquier otra práctica o tradición que ponga en una situación de desigualdad a las mujeres o vulnere sus derechos.

Esta se registra en 30 países del mundo, entre ellos Colombia, como una manifestación de la desigualdad de género por diferentes razones; en algunos casos es un requisito para el matrimonio y en otros se considera un rito para pasar de la pubertad a la adultez.

En nuestro país, a través de un trabajo de reflexión conjunta y coordinado con las comunidades indígenas, se han identificado posibles mitos por los que se realiza la mutilación genital femenina, como evitar el alargamiento del clítoris como un pene, que las mujeres sean infieles y otros relacionadas con el comportamiento sexual.

Hoy la mutilación genital femenina se sigue realizando con el agravante de que no existen registros precisos sobre el número de niñas y mujeres afectadas, ni precisión sobre los lugares donde se realiza, ya que los casos que se conocen son aquellos que causan algún tipo de infección o muerte.

Práctica que puede erradicarse 

 

 

Mutilacion

Desde el 2012, comunidades indígenas Embera de los municipios de Pueblo Rico y Mistrató en Risaralda y de Trujillo en el Valle del Cauca han declarado públicamente su compromiso de trabajar en el abandono de la mutilación genital femenina, bajo el concepto de que la “cultura debe generar vida y no muerte”, y en consecuencia se han coordinado procesos e iniciativas de carácter interinstitucional y con las autoridades indígenas para la sensibilización y reflexión acerca de las consecuencias y el daño que ésta práctica produce sobre la salud y la vida de las niñas y mujeres indígenas.

Dentro de estos procesos de reflexión, las comunidades indígenas Embera han concluido que la mutilación genital femenina no es propia de la cultura de su pueblo, sino una práctica aprendida que ha pasado de generación en generación bajo creencias erróneas sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres.

Por eso, para su erradicación se deben concentrar acciones para hacer conciencia sobre el daño que causa, generar un cambio sobre las creencias que hay alrededor de ella, y cualquier otra práctica o tradición que ponga en una situación de desigualdad a las mujeres o vulnere sus derechos.

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